Un misil iraní impactó un edificio residencial en el centro de Tel Aviv al inicio de la guerra, causando graves daños estructurales pero sin víctimas fatales ya que todos fueron evacuados. Los propietarios lamentan la destrucción total pese a una renovación hace dos años: grietas en paredes, partes quemadas y ventanas explotadas en pedazos.
A pocas calles, la vida intenta normalizarse, con residentes evitando noticias para no afectar su rutina diaria. Sin embargo, las sirenas antiaéreas interrumpen la calma, obligando a la gente a refugiarse en estacionamientos subterráneos.
Las alertas varían: a veces horas sin incidentes, otras dos por día, con menos misiles lanzados recientemente aunque Tel Aviv sigue siendo blanco principal de Irán. La población reparte su día entre actividades cotidianas y refugios durante ataques.