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Marina Charpendier contó cómo puso límites a su hijo adicto hasta que pidió internación

Tensión: intercambio (20°)

La adicción se describe como una enfermedad crónica, progresiva y mortal que impacta emocional y espiritualmente al adicto y a su familia, según explicaron Gastón, Marina Charpendier y los terapeutas en el programa. Los familiares deben ofrecer amor responsable con límites claros, ya que el entorno familiar puede sanar o agravar la situación, y muchos resisten la recuperación porque revela sus propios problemas de codependencia.

Gastón relató que al recuperarse comenzó a establecer límites en su familia, lo que generó resistencia inicial. Marina Charpendier compartió su experiencia similar con su hermana Naila y su propio hijo, destacando que la familia entera se convierte en un sistema enfermo donde el adicto actúa como chivo expiatorio de disfunciones colectivas. Lo primero es poner palabras a la adicción sin juicios, reconociendo que no hay adicto sin codependiente.

Marina explicó que descubrió el consumo de su hijo a los 20 años de él y empezó grupos de Naranón el mismo día, permaneciendo 20 años independientemente del estado de su hijo. Aprendió a cuestionar su rol en la codependencia, cortando la simbiosis emocional donde ella "consumía" a su hijo. Transformó la mirada de enojo y reclamo en acompañamiento mutuo del sufrimiento.

Ambas pusieron límites prácticos: Marina empezó negándose a limpiar el cuarto de su hijo o lavar su ropa, y avanzó a condicionar la entrada en casa a asistir a tratamiento. Estas medidas, aprendidas en grupos, encerraron la situación hasta que su hijo pidió ser internado. Recomiendan empezar con límites pequeños en un proceso grupal para atravesar las etapas de la enfermedad.