Luciano Castro habló con Moria Casán sobre su internación por adicción y depresión tras separación, revelando que perdió el amor de su vida pero prioriza sanar para enmendarlo, asumiendo culpas por consecuencias de sus actos y armar un personaje que lo consumió.
En la clínica, realiza rutina diaria con compañeros: desayuno, lectura, meditación; entró temblando pero halló contención inédita. Salió con alta ambulatoria para trabajar, con apoyo de productora que ajusta horarios, escenas y hasta guiones para contenerlo, posiblemente con terapeuta presente.
Sus hijos, como Mateo de 24 años, lo apoyan y están orgullosos; la gente en la calle le da cariño pese al miedo inicial. El elenco de la novela, incluyendo Carlos, lo contiene mucho.
Moria aclaró dichos previos como "caniche de exhibición" viéndolo como bombón deseado, no despectivo. Castro defendió sus 34 años de carrera y busca hechos contundentes post-sanación.