Damnificados en el sur de Tucumán luchan en vivo contra vientos fuertes que vuelan los gasivos de sus carpas improvisadas al costado de la ruta, mientras una nueva tormenta amenaza con granizo y crecida del río. El reportero Marco Bustamante transmite desde el lugar, mostrando familias que llevan cuatro días evacuadas sin ayuda estatal, durmiendo en colchones que se mojan, con niños enfermos y animales desorientados en el barro. Vecinos de Catamarca, Santiago del Estero y Córdoba llegan con donaciones, pero la política está ausente.
La gente se ríe para no llorar mientras agarra las lonas y silobolsas estiradas que usan como techo, pero el viento las destroza una por una. Noelia, una damnificada descalza, cuenta que perdieron todo por dos metros de agua en sus casas y que camina lastimándose los pies en el barro. Niños y hasta un lorito ayudan a sujetar las estructuras, en medio de frío creciente y alerta amarilla del Servicio Meteorológico Nacional por vientos de 20 km/h.
El equipo en estudio critica duramente la inacción: la provincia no declaró estado de alerta, no hay Ejército, Defensa Civil, policía ni tránsito. Legisladores dicen que fue imprevisible, pero el canal insiste en que se podía prevenir y que esta semana lloverá más, agravando la crisis de 15.000 evacuados y 6.000 familias afectadas.
Perros vagan perdidos por la ruta y las carpas de cañas no resisten. La nube de tormenta avanza, empeorando todo en minutos.