Una bomba de racimo iraní interceptada sobre Rishon LeZion, cerca de Tel Aviv, creó un gran cráter en la calle y una onda expansiva que destrozó ventanas, persianas, aires acondicionados y edificios a la redonda pasadas las 1:30 de la mañana. Los fragmentos de esta munición prohibida por convenios internacionales se esparcieron como minas latentes, causando daños masivos aunque no todos explotaron al impacto.
El equipo ingresó a un departamento afectado donde una familia limpiaba junto a voluntarios equipados con guantes protectores. Vidrios cubren sillones, alfombras, baños y plantas artificiales; los voluntarios retiran los fragmentos uno por uno con bolsas especiales para evitar cortes. El baño quedó destruido con mampostería desencajada, pero el dormitorio trasero de la niña se salvó intacto, por lo que la familia dormía allí y evitó lastimaduras.
Afortunadamente no hubo víctimas ni heridos en este edificio, a diferencia de un misil en el norte que dejó 60 heridos. La familia aspira polvo y recoge ropa, pero enfrenta burocracia para subsidios estatales y un baño inutilizable. Voluntarios priorizan zonas peligrosas mientras los propietarios asisten en tareas menores.
Los reporteros destacan el estrés permanente de los israelíes por alarmas nocturnas que impiden descansar; muchos duermen vestidos listos para refugios. Una tormenta de arena complica la limpieza, y se prevé trabajo para días en múltiples departamentos del edificio.