Los autos eléctricos generan mayor contaminación por desgaste de neumáticos debido a su peso adicional de 300 a 500 kilos, lo que acelera la abrasión y libera microplásticos, sustancias tóxicas y metales pesados al aire y agua, superando incluso las emisiones de frenos.
En Europa se liberan medio millón de toneladas anuales de partículas de neumáticos, y a nivel mundial 6 millones; desde 1990 bajaron las de combustión pero subieron las no exhaustivas. Estas partículas atraviesan la barrera hematoencefálica, contaminan alimentos como la lechuga y afectan especies acuáticas. Expertos como Nick Molden de Emissions Analytics critican promover autos pesados por clima, y la OCDE prevé un alza del 52,4% en emisiones no exhaustivas con más eléctricos.
Fabricantes admiten que los eléctricos emiten 20-25% más partículas por kilómetro por peso y aceleración instantánea; un profesor alemán señala que pese a regeneración de frenos, el desgaste neto aumenta. La tendencia a SUVs y proyecciones de 2.000 millones de autos en 2050, con 70% eléctricos, agrava el problema.
Soluciones en debate incluyen Euro 7 de la UE para limitar desgaste, impuestos por peso como en Francia y métodos de medición estándar, aunque fabricantes resisten. Filtros en desagües capturan hasta 97% de partículas, probados en Copenhague, y sistemas aerodinámicos en ruedas atrapan 85-90%, según universidades de Berlín y Osfalia.