La crisis económica obliga a vecinos de barrios a reinventarse con changas como lavar autos, arreglar zapatillas, lavar ropa ajena y hacer fletes en carretilla para sobrevivir sin profesiones formales.
Emprendedores forzados como un lavadero de vehículos del barrio cobra 15 mil pesos por auto, usa hidrolavadora y aspiradora industrial, y limpia colchones o motores, todo gracias al boca a boca vecinal.
Marta arregla zapatillas y zapatos porque la gente no puede comprar nuevos por la economía, trabaja hasta las once y media de la noche en su taller improvisado como una emergencia constante.
Fabiana lava y dobla ropa por mil pesos el bolso, recibiendo pedidos puerta a puerta, mientras un vendedor de pan casero aprendido de su madre ofrece bizcochos en ferias para llevar el sustento diario.
Estos vecinos ponen el cuerpo y la cabeza en acción, ayudándose mutuamente en la comunidad para no aflojar ante la falta de trabajo formal.