El pastor enfatiza que el mensaje central de la predicación apostólica fue la resurrección del Señor Jesús, como se ve en Hechos 1:8 donde reciben poder para proclamarla con efectividad.
Cita profecías como el Salmo 16 de David, que anticipó que el cuerpo de Jesús no se corrompería en la sepultura, e Isaías 53 que describe su entierro como criminal pero con una larga vida aludiendo a la resurrección; Jesús mismo lo predijo múltiples veces.
Pablo declara que todos los apóstoles predicaban la resurrección como el Evangelio central, y los discípulos fueron testigos oculares: lo vieron, tocaron y comieron con él durante 40 días, convencidos hasta dar sus vidas por ello.
Además, 500 hermanos lo vieron al mismo tiempo, y 25 años después la mayoría aún vivía para atestiguar, haciendo de esta el milagro histórico más documentado.
Para refutar escépticos que dicen que Jesús solo se desmayó, el pastor describe el flagelo romano brutal: torturadores profesionales desfiguraban a las víctimas con látigos de cadenas de hierro, dejando solo un hilo de vida para la cruz.