El pastor continúa defendiendo la historicidad de la resurrección de Jesús refutando a los escépticos que dudan de su muerte real, detallando el flagelo romano brutal con látigos de cadenas y puntas de acero que desgarraban carne y músculos sin límite de azotes, a diferencia de la ley judía de 39.
Explica que los torturadores profesionales dejaban apenas un hilito de vida para la cruz, donde Jesús murió por asfixia con derrame pericárdico, atestiguado por el agua y sangre del costado perforado, confirmado por la ciencia médica y el soldado romano antes de la perforación.
Cita testigos no discípulos que verificaron la muerte: los soldados crucificadores, el que atravesó el costado, el centurión que informó a Pilato, José de Arimatea, Nicodemo y las mujeres presentes en el sepelio, descartando la teoría del desmayo como "pura basura".
Refuta dudas sobre manuscritos bíblicos comparando con obras clásicas: el Nuevo Testamento cuenta con 5.856 manuscritos griegos y 18.130 no griegos, total 23.986, 25 veces más que la Ilíada (mil copias), superando a Sófocles, Platón y Sócrates.
Mayor número y antigüedad de copias valida la autenticidad histórica del texto que proclama la muerte y resurrección de Jesús, el milagro más grande, con 500 testigos oculares mencionados por Pablo 25 años después, muchos aún vivos.