El pastor advierte que la incredulidad en Dios provoca graves consecuencias, como le ocurrió al pueblo de Israel que nunca entró a la Tierra Prometida, a Moisés que se le acortó la vida y el ministerio, y al pueblo deportado a Babilonia. Explica que la desconfianza ofende e irrita a Dios, citando ejemplos bíblicos como Zacarías, padre de Juan el Bautista, quien quedó mudo por dudar de la promesa divina.
Señala que la incredulidad fue el principal obstáculo para Adán y Eva, Moisés, Aarón, los israelitas y los discípulos de Jesús, quien les reprochó su poca fe en tormentas, hundimientos y exorcismos. Jesús oró por Pedro para que su fe no fallara y criticó la duda como razón de fracasos.
En contraste, la fe intacta en medio de pruebas alegra a Dios más que la obediencia sola. Destaca a Job, quien obtuvo un 10 sobresaliente en confianza durante el sufrimiento, sin culpar a Dios ni tener un plan B, lo que glorificó al Señor y le arrancó una sonrisa.
El pastor insta a confiar en Dios en valles de sombra de muerte y problemas, recordando que el maestro calla en el examen, Dios controla todo y donde hay fe ocurre el milagro. Advierte no llorar demasiado las pérdidas.