Jesucristo llevó hace 20 siglos todas las enfermedades y dolores humanos, incluyendo cánceres incurables, según Isaías 53. El pastor insta a confiar en Él en esta semana de nerviosismo y expectativa, recordando que los que confían en Jehová son como el monte Sion que no se mueve.
Jesús fue menospreciado, desechado y no valorado por la gente, que lo veía como hijo del carpintero, pero Él es el camino, la verdad y la vida, el autor y consumador de la fe.
Ciertamente llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; por sus llagas fuimos curados. El pastor da testimonio personal: sanó de tuberculosis pulmonar terminal cuando un pastor oró por él, probando que Cristo salva, sana y renueva.
Amigos con cáncer o sin esperanza médica deben recordar Isaías 53:4 y entregar su enfermedad a Jesús, que ya la cargó en la cruz. No hay otro camino ni respuesta fuera de Jesucristo.