El pastor destaca que Job nunca culpó a Dios por sus desgracias y se sometió plenamente a su voluntad, confiando en Él incluso en el desierto más profundo. Explica que Job no pecó con sus palabras, no tenía un plan B y Dios no lo defraudó, animando a los fieles a rechazar las mentiras del enemigo y afirmar que Dios es confiable.
Afirma que todos rendirán cuentas en la materia de la confianza en Dios, especialmente en problemas, donde aprender a esperar en Él y someterse a su voluntad permite aprobar la prueba más difícil de la fe. Esto glorifica a Dios más que la obediencia sola, como hizo Job, quien sacó un 10 en fe pese a condiciones peores que Israel, Moisés o Adán y Eva.
Recuerda que durante las pruebas duras, cuando Dios parece ausente, el maestro permanece en silencio en el examen. Aunque hay días buenos y malos, Dios está presente en todos y tiene todo bajo control. Donde hay esperanza hay fe, y la fe produce milagros.
Finaliza advirtiendo cuidado con llorar demasiado las pérdidas, pues lo que se pierde puede salvar de perder la vida, que está en las manos del Señor, en buenas manos.