El pastor Cinalli profundiza en su sermón afirmando que la incredulidad es el Belcebú de todos los pecados porque no solo envenena al individuo, sino que contagia a multitudes y arruina los planes de Dios, como ocurrió con los 10 espías que sembraron duda en tres millones de israelitas.
Explica que Caleb y Josué, por su fe plena, entraron a la Tierra Prometida junto a sus familias, dejando una herencia de bendición, mientras los incrédulos perecieron en el desierto y sus hijos vagaron 40 años como castigo divino por la infidelidad.
Detalla ejemplos bíblicos donde la incredulidad provocó la ira de Dios: Moisés dudó en su misión y golpeó la roca en lugar de hablarle, impidiéndole entrar a la Tierra Prometida; el pueblo de Israel provocó a Dios en Masá al dudar de su cuidado, acusándolo de abandono.
Advierte que los creyentes modernos también albergan ídolos como planes alternativos por si Dios falla, pero insta a depositar toda confianza en Él para abrir los cielos y recibir bendición, exhortando a arrojar la incredulidad para evitar maldición y furia divina.