La incredulidad irrita más a Dios que cualquier otro pecado, como el demonio Belcebú, porque rechaza intencionalmente su poder, según explicó el pastor en su sermón con ejemplos bíblicos como los israelitas que murieron en el desierto por no creer, Moisés que no entró a la Tierra Prometida y Zacarías que quedó mudo por dudar del anuncio de su hijo Juan el Bautista.
El pastor enfatizó que Jesús enfrentó la incredulidad como el mayor escollo en sus discípulos, reprochándoles su poca fe en tormentas, milagros y formación espiritual, mientras personajes como Adán, Eva y el pueblo de Israel pagaron alto precio por desconfiar. En contraste, la fe en medio de pruebas alegra a Dios más que la obediencia, como Job que sacó un más diez en confianza pese a calamidades peores que las de otros, sometiéndose sin culparlo y esperando su liberación.
Job no tuvo plan B y confió plenamente, lo que lo hizo destacar y glorificar a Dios, arrancándole una sonrisa divina. Todos enfrentaremos la prueba de la fe en problemas, y mantenerla intacta en el valle de sombra de muerte honra a Dios sobremanera.
El pastor introdujo una mini serie sobre el Salmo 91, prometiendo fe y fortaleza interior para quienes habitan a la sombra del Altísimo, declarando "Tú eres mi refugio, mi fortaleza, Dios mío, confío en ti". En crisis, surge fuerza imparable del corazón blindado, rechazando temor y reaccionando con confianza, no pánico.