Las ventas en una panadería de Villa Domínico cayeron más del 50% respecto al año pasado, obligando al dueño Lucas a despedir a tres empleados, pasando de 12 a 8 trabajadores, porque los costos no son sostenibles con la baja demanda.
Lucas explicó que los clientes ahora piden solo dos pancitos o milonguitas en lugar de un kilo entero, y las facturas del día anterior a 3.500 pesos se venden mucho más que las frescas a 8.000 la docena. Productos como masitas secas a 4.500 el cuarto o masas finas casi no se venden, y tuvieron que reducir producción para no tirar mercadería.
Los gastos fijos explotaron con 850.000 pesos en luz y 700.000 en gas mensuales, más harina, manteca y materia grasa que subieron, pero Lucas absorbió los aumentos sin tocar precios como el kilo de pan a 2.800 pesos hace tres meses. El alquiler es más bajo gracias a la comprensión del dueño, ex panadero, pero la cadena de pagos se destruyó y los distribuidores los bancan.
Antes donaban sobras a necesitados, pero ahora los propios empleados se llevan lo que queda para comer en casa, sumando al sueldo magro. Lucas pensó en cerrar por los 2.000 locales que bajaron persiana en dos años, pero resiste produciendo menos y vendiendo básicos como prepizzas y sanguchitos de miga a 2.000 pesos cada uno.