Un misil impactó un edificio en el centro de Beirut, dejando al menos cuatro muertos, en medio de ataques aéreos que generan pánico constante en la capital libanesa. Walter Nicora, enfermero argentino radicado hace 11 años en Líbano con una organización misionera de paz, describió cómo su equipo opera en un lugar relativamente seguro, pero la incertidumbre reina por los bombardeos impredecibles.
La situación económica empeora por el conflicto con Irán, que eleva precios del petróleo y cierra aeropuertos y puertos, duplicando costos mientras la mitad de la población vive en pobreza. La gente amanece tras noches de ataques, sigue trabajando y estudiando online en zonas no seguras, siempre alerta con el teléfono para evacuar. Nicora, de fe firme, no siente miedo pese a despertarse alterado con las explosiones.
Su organización ayuda a familias en barrios carenciados, asesorando a hogares que albergan a desplazados por hospitalidad cultural, con varias familias apiñadas en espacios pequeños. Los jóvenes y niños, nacidos en conflictos previos, están cansados y traumatizados; realizan talleres de fútbol y grupos para lidiar con el estrés, ya que bombas nocturnas afectan gravemente a menores de cinco años.
La grieta social extrema obliga a los ricos a emigrar con doble ciudadanía europea o canadiense, mientras pobres quedan atrapados. Nicora renovó su permiso hace dos semanas y decidió quedarse pese al riesgo, criticando divisiones mundiales que complican donaciones; productos básicos como garrafas duplicaron precio. Como enfermero comunitario, asesora salud sin ejercer formalmente y planea continuar con academias deportivas, alimentos y medicinas.
Familiares en Argentina lo tildan de loco, pero él valora pasar desapercibido como argentino y usa referentes como Messi, Maradona, el Papa y Máxima para conectar. No tiene contactos en Israel por divisiones regionales, pero sí en Siria y Jordania; su día incluye grupos de mujeres, fútbol infantil hasta tarde y visitas para distribuir ayuda.