Los argentinos Mauro y Luli, residentes en Bahréin, describieron el impacto de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán en su rutina diaria con bombardeos constantes y restricciones. Luli vive hace ocho meses como coach de pádel junto a Mauro, radicado un año y medio, en una comunidad de entrenadores argentinos y españoles. La guerra los sorprendió: Luli vivió un susto en su edificio en CIF, piso 38, con una alarma, dron y explosión cercana que la obligó a ser rescatada por amigos.
Mauro explicó que solo trabajan dos o tres horas diarias porque los árabes buscan normalidad, pero los bombardeos continúan de madrugada para generar pánico psicológico. No hay búnkers, solo se guarecen en casa comprando provisiones mínimas. Viven minuto a minuto; anoche bombardearon un área civil matando a una chica.
Bahréin está pegado a Arabia Saudita por un puente a 25 km, cerca de Qatar, Dubái, Abu Dhabi e Irán. Planean quedarse si el país resiste con ayuda del Golfo Pérsico, pero Luli cruzaría a Arabia Saudita y volaría a Argentina si empeora. Mauro vive a 10-15 minutos de zonas bombardeadas como bases navales y refinerías.
Advertencias oficiales limitan salidas al sonar alarmas; shoppings y supermercados abiertos pero con precaución. Restricciones en redes prohíben videos falsos o militares para evitar cárcel e inteligencia iraní. Mauro se arregla con inglés básico en un país bilingüe árabe-inglés. Luli tranquiliza a su familia en Buenos Aires y Lincoln.