Las jugadoras de fútbol iraníes enfrentan una condena de muerte si regresan a su país por negarse a cantar el himno durante un partido en Australia, donde ya cinco de ellas obtuvieron asilo político gracias a la intervención de autoridades australianas y el sindicato FIPRO.
El régimen iraní y la Guardia Revolucionaria las tildaron de traidoras por pedir libertad, y Donald Trump mencionó el caso; el resto del plantel se espera que también reciba protección para evitar represalias contra ellas y sus familias en Irán.
Desde Israel, Matías Monchein destaca que este incidente refleja el descontento masivo en la sociedad iraní contra el régimen extremista, con protestas desde enero y diáspora celebrando los avances contra Teherán en medio de la guerra total con Israel.
El deporte se ve politizado, similar a casos cubanos o boicots a Israel por países musulmanes, y las jugadoras hicieron señales de auxilio en imágenes difundidas.