La guerra en Oriente Medio incorpora bombas de racimo, munición prohibida por más de 120 países desde una convención posterior a su producción masiva en los 80 y 90. Estas ojivas liberan submuniciones como latas de gaseosa o esferas que perforan blindajes hasta 17 centímetros, actúan como minas antipersonal y provocan destrucción en tres fases.
Los misiles dispersan cientos de proyectiles que detonan al tocarlos, diseñados originalmente para destruir tanques en masa, pero también pintados para atraer niños y explotar al manipularlos. Modelos precarios usan esferas pintadas, mientras versiones modernas simulan latitas.
Expertos muestran videos y gráficos de la apertura de la ojiva con estabilizadores, destacando su enorme poder destructivo pese a la prohibición internacional. Países como Israel no adhieren a la convención, permitiendo su uso en el conflicto actual.