Israel enfrenta misiles iraníes que superan sus sistemas de defensa como la Cúpula de Acero y Arrow, incluyendo bombas de racimo prohibidas que impactaron en el barrio de Yehud, cerca del aeropuerto Ben Gurion, causando una muerte y un herido grave. Estos ataques dejan al menos 13 muertos en Israel desde el inicio del conflicto, con denuncias de uso de armas ilegales que se dispersan en el aire para maximizar daños en áreas urbanas.
En paralelo, Israel continúa bombardeando Beirut y el sur de Líbano, superando los 400 muertos desde el comienzo de la ofensiva, incluyendo 70 niños, y provocando el desplazamiento de 500.000 personas hacia el norte por temor a una incursión terrestre. Imágenes en vivo muestran edificios incendiados en la capital libanesa a oscuras, con impactos en zonas civiles como un hotel donde murieron cuatro supuestos jefes de Hezbollah.
Ambos bandos usan armas prohibidas: Irán bombas de racimo, denunciadas como crimen de guerra por dispersar submuniciones letales sobre áreas extensas, originadas en diseños alemanes de la Segunda Guerra Mundial y vetadas por la Convención sobre Municiones de Racimo; Líbano acusa a Israel de bombas de fósforo que queman la piel. Un informe detallado explica su funcionamiento: se abren en el aire entre 90 y 900 metros, cubriendo radios de 200-400 metros con fragmentos perforantes.
Hezbollah respondió con misiles al centro de Israel hiriendo a 16, mientras Irán espacia ataques pero algunos evaden defensas sin sirenas. El conflicto, iniciado el 28 de febrero con ataques israelíes y de EE.UU. a Irán, escala con respuestas a bases estadounidenses en Dubái, Abu Dhabi y Qatar, sin códigos de guerra respetados y consecuencias en petróleo y agua.