Aldana, argentina radicada en Tel Aviv, explicó los protocolos de emergencia ante alarmas de misiles iraníes más potentes y sofisticados que los de Gaza, Líbano o Yemen. Los misiles liberan bombas de racimo que caen en cualquier lado, y hay diez minutos de aviso para correr a refugios, aunque en autopistas hay que tirarse al suelo boca abajo cubriéndose la cabeza.
El 36% de la población israelí no tiene refugios cercanos, por lo que familias con niños o ancianos se mudan permanentemente a estacionamientos subterráneos, estaciones de tren o subtes, llevando heladeras y provisiones por su cuenta, sin asistencia estatal más allá de atención médica gratuita para accidentes o ansiedad.
La guerra cambió la rutina: Aldana dejó de trabajar en un jardín de infantes porque no se puede correr con bebés, las primarias usan Zoom y padres se quedan en casa con hijos o trabajan remoto en high tech. Instalaron refugios prefabricados en parques para 10-15 personas, y hay que esperar 10-15 minutos extra tras la alarma por posibles fragmentos.
Hace dos semanas sin clases, esta semana tampoco habrá, y aunque Trump dijo 4-5 semanas, hay censura para no generar ansiedad; Aldana teme ataques nocturnos, no poder llevar gatos al refugio y repeticiones del 7 de octubre, criticando que el mundo apoya a terroristas y no hace nada por Israel.