En las reducciones jesuíticas como San Ignacio Miní, la Compañía de Jesús organizaba el espacio alrededor de una plaza central cuadrada donde confluían dos calles principales que separaban los edificios sagrados del resto de las construcciones civiles.
La primera calle corría paralela a la fachada de la iglesia y dividía el templo, claustros y cementerio de casas particulares guaraníes, cabildo y prisión, mientras la segunda cruzaba la plaza desde la entrada hasta el pórtico del Templo Mayor.
Alrededor de 4.500 guaraníes vivían allí con solo dos padres jesuitas en su esplendor, siendo una de las trece reducciones fundadas por San Ignacio de Loyola en el siglo XVI, cuyo nombre en guaraní significa "menor" comparada con San Ignacio Huazú.
Tras asedios de bandairantes paulistas que esclavizaban indígenas, el padre Antonio Ruiz de Montoya lideró un éxodo en 1631 hacia el actual sitio en Misiones, bajando por los ríos Paranapanema y Paraná.
La iglesia principal, de barroco americano y construida con piedra Aperón Rojo, destacaba con techo de madera y muros perimetrales, formando un complejo religioso único junto al claustro y cementerio, mientras a los lados estaban colegio, habitaciones y refectorio.