Emiratos Árabes Unidos atacó por primera vez plantas desalinizadoras de Irán, en respuesta a ataques previos iraníes contra países sunitas como Arabia Saudita y Emiratos Árabes, mientras Israel y Estados Unidos bombardean Teherán y depósitos de petróleo iraníes.
El analista Gabriel Ben-Tazgal explicó que la capacidad misilística de Irán se redujo drásticamente de 300 a 20 misiles, y Estados Unidos evalúa una operación terrestre de élite para capturar uranio enriquecido al 60% en centrales nucleares. Aunque los ataques son efectivos, el régimen no caerá pronto, y Donald Trump ajustó sus pronósticos de duración del conflicto.
Los bombardeos ahora atacan la economía iraní, como refinerías e incendios en depósitos de crudo, debilitando al régimen por limitaciones internas. Trump advirtió de destrucción total, pero el objetivo es derrocar a los ayatolás sin necesariamente usar nucleares.
En Israel, la vida retoma la normalidad pese a ataques iraníes limitados: la gente vuelve al trabajo si hay refugios para 50 personas, restaurantes reabren y clases se dan por Zoom. Los daños son menores gracias a sistemas defensivos y refugios obligatorios en departamentos desde 1991.
Ben-Tazgal comparó con Dubái, donde carecen de refugios adecuados y usan cocheras o escaleras, que no resisten misiles iraníes de 500 kilos de explosivos. La prensa israelí, crítica al gobierno, no reporta masacres como las que difunde Irán.