Estados Unidos comenzó a usar bases militares británicas para operaciones defensivas en la guerra contra Irán, tras el visto bueno de Londres ante misiles que amenazan intereses y ciudadanos británicos. Bombarderos B-1 aterrizaron en la base de Fairford y cazas Typhoon y F-35 derribaron drones sobre Jordania, Irak, Qatar y Chipre, mientras un destructor se dirige al Mediterráneo Oriental.
En Israel, la vida cotidiana se interrumpe por sirenas antiaéreas durante compras o bodas, con residentes apoyando la guerra justificada contra el régimen iraní pese a los riesgos. Ataques iraníes causaron 10 muertos en Tel Aviv y una sinagoga en Beit Shemesh, aunque la Cúpula de Hierro es efectiva pero tiene límites ante saturación de misiles.
Israel y Estados Unidos contraatacaron la economía iraní bombardeando refinerías y depósitos de crudo en Teherán, golpeando el 18,3% del PIB persa que depende de 3,3 millones de barriles diarios exportados vía Hormuz, principalmente a China. La Guardia Revolucionaria iraní respondió lanzando misiles a la refinería de Haifa en Israel.
El conflicto, en su segunda semana, genera nubes tóxicas en Teherán por ataques a petroleras con 4 muertos, 24 civiles en Beirut por bombardeo al Hotel Ramada, y amenazas globales económicas por precios del petróleo.