La guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán entró en su segunda semana con bombardeos intensos que dejaron Teherán envuelta en nubes tóxicas por ataques a instalaciones petroleras, causando cuatro muertos y una emergencia ambiental que redujo la visibilidad a niveles nocturnos en la capital iraní.
En Beirut, Israel extendió sus ataques al corazón administrativo y turístico, bombardeando el Hotel Ramada en Raouche y matando a 24 civiles, incluyendo familias enteras, mientras el sistema de salud libanés colapsa con más de 200.000 desplazados. Hezbollah se sumó al conflicto tras la muerte del ayatolá Ali Khamenei en un bombardeo, rompiendo el alto el fuego de noviembre de 2024.
Benjamín Netanyahu prometió continuar los ataques con determinación, afirmando control casi total del espacio aéreo de Teherán tras 3.400 ataques israelíes que destruyeron 150 sistemas de defensa iraníes y provocaron 926 civiles muertos según Teherán. El presidente iraní Masoud Pezeshkian desafió a Donald Trump, rechazando la rendición incondicional y disculpándose ante vecinos del Golfo por misiles interceptados.
Israel justificó la ofensiva por la involucración de Hezbollah, calificado como grupo terrorista que no se desarmó pese al pacto, mientras Estados Unidos usa bases británicas como Fairford para operaciones defensivas, pese a críticas de Trump a Keir Starmer por no enviar portaaviones.
El conflicto se extiende al Golfo, Líbano y más allá, afectando el Estrecho de Ormuz y el tráfico de crudo mundial, con la asamblea iraní por elegir sucesor de Khamenei reunida en 24 horas.