Patrice Lumumba se convierte en símbolo de la lucha contra el imperialismo occidental al pedir ayuda a la Unión Soviética para recuperar la provincia secesionista de Katanga, rica en uranio clave para programas nucleares. Estados Unidos, temiendo su alineación con Moscú durante la Guerra Fría, ve alarmantes informes de inteligencia que lo pintan como un líder que impondrá un régimen comunista.
La CIA, dirigida por Allen Dulles, declara el derrocamiento de Lumumba como prioridad absoluta y recluta a Joseph Mobutu, ex protegido convertido en enemigo anticomunista. Fortalecido con apoyo financiero y militar de Washington y Bélgica, Mobutu da un golpe de Estado, arresta a Lumumba y lo entrega a los rebeldes de Katanga liderados por Moïse Tshombe.
El 17 de enero de 1961, asesinan al primer ministro congoleño y disuelven su cuerpo en ácido para impedir homenajes. Mobutu emerge como pieza pro-occidental, recibiendo elogios de John F. Kennedy y hasta 20 millones de dólares de la CIA, mientras la Unión Soviética queda marginada en la contienda africana.
La muerte de Lumumba genera indignación global, con protestas en la ONU y críticas en África que afectan incluso a Kwame Nkrumah en Ghana, arriesgando fondos para su represa Volta. Estados Unidos pierde simpatía africana al respaldar el apartheid en Sudáfrica, bastión anticomunista con uranio y oro, pese a la represión del ANC y el encarcelamiento de Nelson Mandela.
El ANC busca apoyo soviético, que se posiciona como aliado anticolonial enviando asesores, ingenieros y becas a la Universidad Patrice Lumumba en Moscú. Ante esta influencia del Kremlin en África, el presidente Kennedy reacciona para no ceder el continente a la Unión Soviética.