Estados Unidos e Israel utilizan el bombardero furtivo B-2 Spirit en ataques contra Irán por su capacidad para evadir radares y penetrar defensas antiaéreas. Diseñado por Northrop Grumman durante la Guerra Fría, el avión absorbe ondas de radar con materiales especiales y rebota otras gracias a su forma de ala.
El B-2 transporta bombas antibúnker GBU-57 de 13-14 toneladas, capaces de penetrar 60 metros de roca o hormigón, únicas en su clase. Ha participado en misiones en Kosovo, Irak, Afganistán, Libia, Yemen e Irán en 2025 y ahora, completando 1.500 operaciones sin derribos.
Analista Matías Roth explica que los pilotos operan con secreto extremo, atacando centrales nucleares, bases marítimas y fábricas de misiles balísticos iraníes. El avión vuela 11.500 km sin repostar, por 40-44 horas, con solo 80 pilotos capacitados de 13.000 en la Fuerza Aérea.
Cada B-2 cuesta 2.000 millones de dólares y puede cargar bombas convencionales o nucleares. Washington desarrolla el sucesor B-21 Raider para superar sus limitaciones.