La comunidad Amish en Estados Unidos rechaza la modernidad para preservar su fe cristiana y genera millones de dólares con negocios tradicionales como la fabricación de muebles. Originarios de Europa desde el siglo XVIII, se asentaron en Pensilvania y Ohio, donde en el condado de Holmes constituyen casi la mitad de la población. Viven en granjas rurales, usan carruajes negros y evitan automóviles, electricidad de red y tecnologías que los alejen de sus valores.
En sus escuelas propias, los niños aprenden hasta los 14 o 15 años gracias a una excepción del Tribunal Supremo de 1972. El director James adapta el currículo nacional a principios bíblicos, rechazando la teoría de la evolución y enfocándose en Adán, Eva, Abraham y Matusalén. Niñas y niños se sientan separados, y las clases priorizan la cultura y la fe sobre la educación prolongada, que temen los aleje de la comunidad.
Empresarios como Roy facturan millones al año con muebles de madera maciza hechos a mano por 30 empleados Amish. Su fábrica usa generador diésel, computadoras sin internet solo para contabilidad y teléfonos básicos. La Biblia permite el dinero si se usa bien, y cuentan con fondos propios para ayudar a pobres y jubilaciones, sin seguridad social estatal.
Las mujeres como Marta dejan el trabajo tras casarse para criar hijos y evitar influencias externas. Los Swartzentruber Amish, el grupo más estricto, rechazan toda máquina, usan agricultura manual, sin electricidad ni agua corriente, y temen el pecado del mundo moderno. Viven aislados en Ohio y otros estados.
Se informan por el periódico The Budget, impreso desde 1890 sin fotos, con cartas manuscritas de la comunidad sobre nacimientos, muertes, clima y bodas. Mantienen independencia con ayuda mutua: familias como la de Pete y Ruth recolectan ropa, juguetes y comida para el hijo enfermo de un vecino.