El actor Gerardo Romano contó en vivo cómo una banda estafadora lo llamó desde Uruguay para pedirle 55.000 dólares de fianza por su supuesta hija detenida tras un robo violento. Un hombre se hizo pasar por policía y le informó que su hija esperaba una prueba balística de 40 o 50 días, pero podía salir pagando la suma.
Romano sostuvo una conversación de 20 minutos con la voz que imitaba perfectamente a su hija, quien lloraba angustiada pidiendo auxilio y relataba golpes en el pecho. Como actor profesional, evaluó el timbre y la inflexión como genuinos y creyó cada detalle del relato sobre el asalto donde un ladrón murió.
Se dispuso a suspender su obra teatral en temporada para viajar, pero cortó la llamada para consultar a un abogado y a la madre de su hija. La madre confirmó que todo era falso porque la chica estaba en la playa con una amiga, lo que generó un alivio inmenso en Romano tras el shock inicial.
Los conductores destacaron el profesionalismo de los estafadores, que usaron jerga policial precisa y no permitían cortar la comunicación. Recomendaron denunciar para rastrear los datos filtrados y alertaron sobre códigos familiares como el nombre de la primera mascota para verificar identidades en emergencias.
Romano no hizo denuncia formal aún por estar lejos y dudar de su utilidad, aunque admitió que los delincuentes conocían sus datos personales y actuaban como una empresa delictiva organizada.