El actor Gerardo Romano relató en vivo cómo una banda estafadora lo contactó desde Uruguay exigiendo 55.000 dólares de fianza por su supuesta hija detenida en un robo violento. Un hombre se hizo pasar por policía y le informó que la joven esperaba una prueba balística de 40 o 50 días, pero podía salir pagando la suma. Romano sostuvo una conversación de 20 minutos con una voz que imitaba perfectamente a su hija, quien lloraba angustiada pidiendo ayuda.
Romano confirmó que nunca dudó de la autenticidad de la voz, ya que respondía correctamente a sus preguntas y sonaba idéntica. La estafa incluía jerga policial creíble del supuesto comisario, lo que generó total confianza pese a su experiencia en series como El Marginal. Contactó a la madre de su hija real, quien le alertó del engaño, y cruzaron llamadas habituales antes de sus funciones teatrales.
El actor describió las secuelas emocionales: ahora desconfía de llamadas desconocidas y anticipa cambios en su relación con su hija. Recomendó establecer códigos secretos, como el nombre de la primera mascota, para verificar identidades en emergencias. Relacionó el incidente con la creciente inseguridad y la angustia social por despidos masivos en empresas como Mauro Sergio en Mar del Plata.
Gerardo Romano evocó el dolor de los despedidos, que enfrentan hambre familiar y pierden amparo laboral, lo que puede llevar al delito por desesperación. Expresó angustia, miedo y bronca personal por sus hijos y el padecimiento colectivo en Argentina. La entrevista concluyó con abrazos y agradecimientos mutuos.