La abogada argentina Agostina Páez permanece en prisión domiciliaria con tobillera electrónica en un barrio privado alejado del centro de Río de Janeiro, recibiendo más de 200 mensajes diarios con amenazas de muerte, violación y secuestro del Comando Vermelho y otras facciones criminosas.
Su defensa, a cargo de Carla Junqueira, apelará el rechazo de la Fiscalía brasileña que niega su regreso a Argentina por riesgo procesal, pese a que no hay pruebas de intentos de obstrucción ni insultos reiterados en el expediente, solo el exabrupto inicial. Citaron antecedentes de jugadoras de River Plate que volvieron tras 60-70 días.
Páez vive aterrorizada, sin salir de casa por miedo a filtraciones de su domicilio como ocurrió en Copacabana, con una amiga brasileña que le provee comida y apoyo familiar limitado. Recibe acompañamiento psicológico pero está al límite por la presión y el odio mediático brasileño que ignora sus amenazas y las enmarca en violencia de género.
La Fiscalía sostiene que las medidas cautelares son insuficientes y exige prisión común donde proveerían comida, mientras los medios virales y encuestas públicas la condenan de antemano. El panel califica la reacción como desproporcionada, agravada por rivalidad argentina-brasileña y sesgo político.