Ester, argentina radicada en Be'er Sheva, relató el bombardeo de misiles que impactó cerca de su casa en un barrio familiar del sur de Israel durante el día 6 del conflicto. Recibieron aviso por app 12 minutos antes y sirena a 1 minuto y medio; entraron al refugio compartido con vecinos, donde escucharon la explosión que llenó el lugar de polvo al impactar en una escuela primaria vacía.
Su casa sufrió daños graves por la onda expansiva y esquirlas, con vidrios rotos y destrucción que obliga a demoler edificios enteros. Niños y adultos corrieron al refugio a tiempo, sin víctimas fatales gracias a Dios, según Ester, pese a la gran población de familias en la zona.
Ester expresó temor a la maldad humana más que al misil en sí, que fue el más cercano hasta ahora, con ruidos intensos y polvo invasivo. Nadie de los argentinos entrevistados quiere volver a Argentina, prefiriendo su lugar en Israel a pesar del miedo.
Los daños dejan a adultos mayores, que trabajaron toda la vida por su hogar, sin saber cuándo regresarán, y personas en silla de ruedas en situación vulnerable. La onda expansiva y esquirlas arruinaron todo, haciendo inhabitable el complejo de edificios.
Ester lleva siempre una mochila con pasaportes y objetos de valor al refugio, junto a zapatillas para evitar vidrios, mostrando preparación constante ante alarmas.