Tati Melamud, argentina-israelí que vivió ocho años en Israel, viajó para el casamiento de su amigo argentino con su novia y quedó varada por el cierre del espacio aéreo tras ataques iraníes. La pareja celebró la ceremonia religiosa en un refugio en el menos cuatro piso de un shopping cuando sonaron las alarmas, insistiendo en no cancelar el evento por tradición judía.
Todos los invitados bailaban cuando las notificaciones de sirenas llegaron a los celulares, pero continuaron festejando la vida en el lugar seguro, con periodistas, un taxofonista y un DJ donando servicios para grabar recuerdos y armar una fiesta subterránea pese al caos exterior.
Los vuelos están cancelados, solo llegan aviones con israelíes varados del exterior sin repatriar a nadie; Tati menciona opciones como colectivos de 17-18 horas a Sharm El Sheik en Egipto, pero prefiere esperar en Israel donde se siente más segura.
Describe la rutina bajo amenaza: alarmas por geolocalización suenan 10 minutos antes en celulares vía app Extreme Alert, la gente corre a refugios en hoteles o casas vecinas que abren puertas; la resiliencia es única, reabren gimnasios y cafés mientras colegios permanecen cerrados.
Anoche sonaron sirenas múltiples veces, hoy continúan, pero la intensidad baja; Tati muestra la playa en vivo, enfatizando solidaridad y vida normal pese a todo, contrastando con el miedo externo.