El conflicto entre Israel e Irán escaló con más de 1.405 muertos contabilizados en Irán, mientras suenan alarmas constantes en Israel y se reabre el principal aeropuerto para intentar volver a la normalidad. Ronnie Kaplan, vocero de la Fuerza de Defensa de Israel, justificó previamente la operación por la amenaza de 8.000 misiles balísticos iraníes contra civiles israelíes y reiteró que no luchan contra el pueblo iraní, sino contra un régimen en guerra con su propia gente hace 30 años, que busca eliminar a Israel y atacar a Estados Unidos.
Donald Trump anunció la construcción de una red bélica con aliados y mayor fabricación de armas, mientras Irán recibe llamados de Qatar para buscar puntos en común, pero persiste en agrandar la guerra por poder, control petrolero y no ceder ante Israel. El país representa el 3,7% de reservas mundiales de petróleo, y un bloqueo afectaría precios globales, beneficiando campañas como la de Trump para bajar costos inicialmente.
Panelistas denunciaron la locura de guerras económicas que hipotecan vidas humanas por fluctuaciones petroleras, evocando Hiroshima y Nagasaki como precedente nuclear, con nueve países poseedores de bombas atómicas. La contra cara económica aterroriza, con reordenamiento mundial donde neutralidad es imposible por bases militares y rutas petroleras.
Argentina analiza impactos por atentados vinculados a Irán y su producción de petróleo que podría beneficiarse, aunque importa gas. Hugo, cordobés radicado nueve años en Jerusalén con residencia permanente, relató tener refugio a tres metros de su habitación, alarmas naturalizadas varias veces al día que rara vez derivan en impactos reales, y nunca un misil en su zona pese al tamaño chico de Israel, similar a Tucumán.
Jerusalén evita misiles no por imposibilidad técnica, sino por limitaciones religiosas autoimpuestas por los atacantes, en una ciudad sagrada donde nada de esta violencia debiera ocurrir, pero lunáticos buscan reacomodar el mapamundi a fuerza de terror.