Samira, iraní naturalizada argentina que vivió 30 años bajo los ayatolás, denunció mensajes pro-iraníes en redes para lavar cerebros en Argentina, criticó a grupos de izquierda como Emisola que defienden el régimen por dar drones a Rusia, y lamentó el apoyo de figuras locales como Adelía a Irán.
Relató su experiencia en Estambul con un kurdo polígamo que justificaba la inferioridad femenina heredada de religiones pre-islámicas, contrastó la baja educación de mujeres en Turquía por prohibiciones de Atatürk con el alto porcentaje de universitarias en Irán post-revolución, aunque segregadas y sin salida laboral plena, generando una generación educada y rebelde.
Recordó las manifestaciones de 2022 tras la muerte de una chica por no usar hijab correctamente, detonante de protestas masivas donde mujeres cortaron pelo en apoyo global, incluyendo actrices de Hollywood y Juana Viale en Argentina, gesto que ayudó a visibilizar la represión pese a críticas por superficialidad.
Tensión explotó con llegada de Mohsen Ali, referente de la Casa para la Difusión del Islam en Argentina y admirador de la revolución islámica que dignificó a la mujer iraní según él, criticando la era del Shah por torturas de la SAVAK; Samira se cubrió la cabeza por vergüenza al ver su turbante, símbolo de represión y ejecución para ella, rechazó ofensas mutuas de mentiras y vergüenza, y abandonó el estudio pese a llamados al respeto.
El conductor medió interrupciones y gritos, defendiendo atuendos religiosos y libertad, mientras Mohsen negó prohibiciones actuales como arrojar ácido a mujeres y se burló de reclamos, continuando el debate acalorado sobre libertad en Irán.