Mohsen Ali, referente pro-Revolución Islámica iraní, elogió el avance de la mujer en Irán desde 1979, destacando su presencia en universidades, tecnología y deportes, y contrastó con la era del Shah, acusado de torturas y postergación mediante la SAVAK.
Rechazó las denuncias de Samira, quien abandonó el estudio indignada por su turbante símbolo de opresión, calificando sus afirmaciones como mentiras y propaganda pagada desde el exterior para desestabilizar Irán. Defendió que las protestas son minoritarias y que no ocurren mutilaciones ni ataques con ácido en Irán, atribuyendo eso a noticias falsas en tiempos de guerra.
En cruce con conductores, negó desigualdades: mujeres van solas por calles, rezan separadas por pudor en mezquitas como la Azul de Estambul, y la poligamia es rara, solo en casos de guerra para proteger viudas, según el Corán que prioriza justicia y piedad sobre género.
Ariel Orovich, argentino en Israel, reportó ataques iraníes menguantes contra civiles israelíes, con alarmas diarias reduciéndose, sugiriendo agotamiento de misiles y colapso del régimen tras eliminación de su cúpula en golpes iniciales.