Nahuel Gallo, cabo primero de Gendarmería liberado tras 500 días de cautiverio en la prisión venezolana Rodeo 1, dio su primer testimonio público en el Edificio Centinela, donde se quebró emocionalmente al evocar torturas físicas y psicológicas, su hijo y los 24 extranjeros aún detenidos, a quienes considera familia.
Visiblemente demacrado en fotos comparativas, con 10 kilos menos, ojeras y mirada perdida, Gallo relató cómo cantaba el himno nacional a diario y fabricaba una bandera argentina derritiendo jabón celeste y blanco para aferrarse a su patria, pese a que los guardias se la destruían repetidamente. Admitió sentirse aún "encerrado" mentalmente y no estar preparado para contar las atrocidades vividas.
Como gendarme formado para soportar presión extrema, mostró vulnerabilidad con apoyo de su jefe Claudio Brilloni y la ministra Patricia Bullrich. En su conferencia, agradeció genéricamente a "todas las instituciones" sin nombrar a nadie, evitando mencionar el rol de la AFA —con figuras como Claudio Tapia, Luciano Nakis y Fernando Luis Lacazares— en su rescate, ni contradicciones como fotos con Pablo Tobillino.
El panel destacó su devoción patriótica y el costo psicológico del encierro, con comunicación a gritos con familiares lejanos y campamentos afuera solo tras la caída de Maduro. Subrayaron que, pese a revisiones médicas favorables, requiere años de terapia y recursos institucionales para recuperarse.