El gendarme Nahuel Gallo relató en conferencia su cautiverio de 448 días en la prisión venezolana Rodeo 1, donde sufrió torturas psicológicas y condiciones inhumanas similares a las de rehenes de Hamás en Gaza. Fabricó una bandera argentina con jabón celeste y blanco derretido para sentirse en casa, cantó el himno nacional y forjó lazos con 24 presos de otras nacionalidades, a quienes llamó familia.
Panelistas criticaron duramente al kirchnerismo por tildar a Gallo de espía y negar la existencia de presos políticos en Venezuela, pese a que Delcy Rodríguez, vicepresidenta y mano derecha de Maduro, sabía de su detención. Recordaron cómo el kirchnerismo defendió el régimen chavista como "democradura" y minimizó denuncias de detenciones ilegales de argentinos, venezolanos, españoles y americanos.
Desde el 8 de enero, el nuevo gobierno venezolano liberó a 621 presos políticos, invisibles para el kirchnerismo, que pedía mesura y tiempo a Maduro. Gallo desmintió ser espía al afirmar que Gendarmería es su casa y que defendió su bandera, refutando acusaciones de estar secuestrado allí.
Los conductores compararon el trauma de Gallo con sobrevivientes de secuestros, destacando su aislamiento sin acceso a salud, abogados ni familia. Exigieron no justificar su detención por una narcodictadura y repudiaron la doble moral izquierdista que ignora violaciones en Venezuela, Cuba e Irán pero ataca a Trump.