Mariano Mann, desde Tel Aviv, relató una noche intensa con tres sirenas de ataque que obligaron a él, su familia y vecinos a refugiarse múltiples veces, interrumpiendo el sueño en medio de la escalada de misiles iraníes e intercepciones en el centro de Israel, sin heridos reportados.
Los ataques combinados de Irán y Hezbollah buscan desgastar el frente interno israelí; la vida diaria está fragmentada con clases suspendidas y actividades parciales desde el domingo, aunque la rutina se adapta a cierta normalidad pese a las sirenas desde el sábado.
La opinión pública israelí ve el conflicto como inevitable, confiando en las Fuerzas de Defensa de Israel y el comando de retaguardia, cumpliendo directrices sin oposición férrea; la intensidad persiste pese a declaraciones de EE.UU. e Israel sobre disminución iraní.
Gabriel contextualizó el origen en la revolución islámica de 1979 en Irán, que niega el derecho de Israel a existir, y el programa nuclear bélico de los últimos 20 años, con enriquecimiento de uranio excesivo; el acuerdo de 2015, verificado por Rafael Grossi del OIEA, fue denunciado por Trump, empeorando la confianza mutua.
El editorial del New York Times atribuye la guerra a la decisión de Trump, quien la tenía prevista desde hace 10 años según el análisis.