El pastor detalla las siete decisiones clave inspiradas en Job 22 y las resoluciones de Jonathan Edwards para vivir una vida santa que glorifique a Dios, recordando sus propios compromisos juveniles con su esposa en Rosario bajo un mástil.
Entre ellas, insta a poner primero a Dios con fidelidad intransigente, enfocarse en la vida espiritual mediante auditorías personales especialmente en verano o año nuevo, ser incansable en la búsqueda de santidad, priorizar lo espiritual sobre lo intelectual y rechazar que los logros profesionales salven sin temor a Dios.
Advierte con un tirón de orejas a padres que priorizan carreras sobre la piedad, enfatizando que lo más importante es que hijos y nietos amen y teman al Señor para que todo les vaya bien, como promete Dios.
Continúa con renuncia total al pecado sin apañarlo en uno mismo ni en los hijos, evaluar constantemente el pulso espiritual mediante el uso del tiempo, relaciones, conversaciones, pensamientos y actividades, y finalmente amar, seguir y servir a Jesucristo hasta el límite, viviendo consciente del borde de la eternidad.
Provoca aplausos al Señor por su Palabra, subrayando que todas las decisiones deben llevar a honrar a Dios y no vivir para sí mismo.