Todo ser humano nace esclavo del pecado adánico, muerto espiritualmente en su tricotomía de cuerpo, alma y espíritu, similar a la Trinidad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Sin Cristo, las personas buscan felicidad en bienes materiales como autos, casas o familia, pero nada las completa porque su espíritu permanece muerto desde Adán.
El primer paso para ser cristiano verdadero es aceptar a Jesús como Salvador, lo que genera un milagro de nuevo nacimiento espiritual mediante el Espíritu Santo, produciendo una conversión radical de 180 grados.
Los convertidos enfrentan rechazo del mundo, que los tilda de locos por abandonar vicios y alinearse con la sabiduría divina rumbo a la vida eterna.
El predicador celebra esta bendita locura que salva, libera y prospera, invitando a aplaudir por Dios.