Javier Milei continúa su tercer discurso en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional, criticando duramente a la oposición por su alergia a los datos y por recitar poemas en lugar de enfrentar la realidad económica, mientras destaca la caída del desempleo pese al aumento de la oferta laboral y celebra leyes aprobadas como la de modernización laboral que barre con regulaciones obsoletas de hace 50 años, responsables de que la mitad de los trabajadores estén en la informalidad y el 30% de los formales sean pobres.
El presidente anuncia que Argentina se convirtió en el primer país de la región en promulgar el acuerdo Mercosur-Unión Europea, impulsado por la convicción de que el comercio eleva la calidad de vida mediante competencia, y logra un pacto comercial con Estados Unidos tras 21 años de autosabotaje, recordando con sorna las palabras de Hugo Chávez contra el ALCA que llevaron al país camino a Venezuela y Cuba.
Milei declara el fin de décadas de miseria decadente por voluntad popular en las urnas, iniciando un cambio de época centrado en la moral como política de Estado, con un orden de mérito claro: primero la ética y moral occidental basada en filosofía griega, derecho romano, estoicos y valores judeocristianos, para dar a cada uno lo suyo sin dañar a nadie; segundo, la eficiencia económica; y tercero, el utilitarismo político.
Describe la crisis heredada con una moneda destrozada por emisión desenfrenada, historial de defaults, falta de inversión por inestabilidad, pobreza creciente pese a planes sociales y empleo público, Estado fallido, aumento de crimen y homicidios, calles dominadas por piqueteros financiados con asistencia social, y fronteras colador que fomentan el narcotráfico como en Rosario.
A lo largo del discurso, enfrenta interrupciones agresivas del público opositor que lo tilda de fracasado, fascista y lo acusa de inspiración en socialistas, a lo que responde invitándolos a estudiar libros y mirar números, mientras critica la emisión del 28% del PBI del gobierno anterior y la doctrina Zaffaroni que convirtió casas en baños de sangre.