Un habitante del castillo cuenta que las puertas se abren solas de noche aunque estén cerradas con llave, y que esto sucede cientos de veces, despertándose siempre con la puerta abierta y sin llave.
La persona siente una presencia constante en el lugar, que podría ser oscura, pero interpreta que son espíritus de individuos que sufrieron tragedias terribles y no comprenden que su existencia en este plano ha terminado, quedándose atados al sitio.
A pesar de ser un católico practicante que no cree en fantasmas ni espectros, el habitante no atribuye los fenómenos a ellos directamente, pero vive consciente de la brevedad de la vida en ese contexto.
El castillo fue construido para una pareja que no pudo disfrutar ni su noche de boda debido a una tragedia, lo que lleva a una reflexión sobre vivir el presente en lugar de planear un futuro incierto.
El segmento cierra con una narración poética sobre almas en busca de compañía en cada hogar, fantasmas que susurran historias de dolor desde las sombras, esperando aparecer.