El Hotel Edén en las sierras de Córdoba, inaugurado en 1892 como sanatorio para tuberculosos por inmigrantes alemanes, atraía a familias adineradas como los Blaquier y Anchorena, y presidentes como Julio A. Roca. La construcción en tiempo récord dejó obreros agotados con jornadas de 16 horas, muchos de los cuales murieron y quedaron atrapados energéticamente en el lugar.
Guías paranormales relatan sensaciones constantes de ser observados, cambios bruscos de temperatura, olores nauseabundos de habitaciones, susurros de nombres en el oído y gritos que atribuyen a espíritus que no aceptan su muerte. La dama de blanco, una mujer suicida, y otros fantasmas generan miedo, con empleados que renuncian o se rehúsan a entrar a ciertos sectores.
Investigadores con cámaras infrarrojas y testimonios confirman actividad paranormal normal en tres zonas críticas: el sector de mantenimiento, la casita del bebé donde un niño murió durante una usurpación en invierno, y las habitaciones de la planta alta. Una niña de 8 años espera a sus padres, mientras médiums y curas intentan ayudar a elevar almas atrapadas por el dolor de la tuberculosis.
Visitantes conectan las presencias con recuerdos personales de abuelos o tíos fallecidos, algunos se desmayan o perciben energías pesadas. Guías piden permiso a los espíritus para trabajar y comparten experiencias para sobrellevar el terror de saber que nunca están solos en el hotel.