Advierte que creer en las mentiras del diablo equivale a dudar de Dios y apagar al Espíritu, lo que prolonga pruebas espirituales como los 40 años de Moisés en el desierto por su terquedad. Llama a ser sensibles y dóciles para convertirse en instrumentos poderosos de Dios.
El Espíritu Santo posee sentimientos y se entristece cuando se descuida la santidad, se piensa en términos materialistas, se espía la vida ajena en redes sociales en vez de leer la Biblia, o se priorizan cosas mundanas sobre la oración y Dios. Su tristeza no es egoísta, sino por prever el precipicio de miseria, lágrimas y castigo que atrae el pecado.
Enumera bendiciones del Espíritu Santo en los corazones de los creyentes, como salud al alinear el cuerpo con propósitos divinos, sabiduría no por años sino por Su presencia, capacidades especiales, fuerzas físicas como en Sansón, liderazgo, gracia para predicar, consuelo, comprensión bíblica, guía a toda verdad y entendimiento espiritual.
El secreto para una vida, ministerio y familia bendecida radica en la comunión constante con el Espíritu Santo, quien enseña todo, revela a Cristo y actúa como consejero y paracleto. Anteriormente, enfatizó que no es una fuerza sino una persona divina con voluntad, inteligencia y propósito, repartiendo dones y guiando como en los viajes de Pablo.