Carola Suárez reportó desde Avenida Entre Ríos los daños colaterales de los cortes por protestas en el Congreso, donde un vallado total impide el paso incluso a periodistas y residentes, obligando a dar vueltas enteras para acceder.
Muchos locales comerciales decidieron no abrir ante la falta absoluta de clientes, mientras otros como una vinoteca y una casa de decoración permanecen abiertos pero solitarios, con dueños jugando al solitario por la inactividad.
Germán, dueño de una binoteca a 20 metros del Congreso, contó que pierde hasta 500.000 pesos por día en ventas no recuperables, en un contexto económico ya complicado por el peor verano en 20 años y restricciones como alcohol cero.
Criticó el operativo policial que corta accesos innecesariamente, afectando a comercios pese a que las protestas no cortan la 9 de Julio directamente, y comparó con marchas pasadas donde podía vender algo. Mencionó despidos previos por falta de ventas y dificultades para pagar colegio de sus hijos.
Germán vive arriba del local, heredado sentimentalmente de su familia, y se queja de altos impuestos sin compensación, mientras otros comerciantes de la cuadra sufren igual sin reclamos organizados aún.