Un grupo reducido de manifestantes violentos, no más de 15 personas, se quedó frente al Congreso tras la retirada pacífica de las columnas sindicales y prendió fuego contra el vallado en Avenida Rivadavia, arrojando basura y botellas para avivar las llamas mientras la mayoría de los participantes se fue por Avenida de Mayo.
Los agresores atacaron a la prensa, arrojando botellas de agua a las cámaras de Todo Noticias y gritando insultos contra los periodistas; Paula Bernini reportó desde el lugar que el camarógrafo recibió agua del camión hidrante que apagaba el fuego, mojando todo el equipo en medio de la tensión con la policía que formó un cordón al otro lado de la valla.
Hubo detonaciones, lanzamiento de piedras y palos de banderas hacia las fuerzas de seguridad, mientras autoconvocados criticaban a la CGT por abandonar la protesta y al gobierno por la reforma laboral y penal juvenil; en el interior del Congreso, Luis Juez defendía el régimen penal juvenil y la oficialismo contaba con 40 votos para aprobar ambas reformas.
El gobierno de Javier Milei celebra la baja concurrencia como victoria, prepara su discurso de apertura de sesiones para el domingo con balance de gestión, herencia recibida y anuncios como la reforma del Código Penal para endurecer penas contra narcotráfico; la CGT evita confrontaciones públicas y el oficialismo prioriza la disputa judicial ante amparos esperados.
Periodistas predominan en el lugar junto a bomberos y sanidad, destacando la diferencia entre laburantes pacíficos que se retiraron y estos pocos revoltosos que generan disturbios mínimos comparados con incidentes previos como el 11 de febrero.