Patricia Bullrich defiende con vehemencia la reforma laboral en el Senado argentino, criticando el sistema anterior que generó una informalidad del 40% y destruyó el empleo formal. Señala que leyes rígidas como la doble indemnización llevaron a juicios millonarios, como uno de 380 millones de pesos contra un empresario jujeño o 2.500 millones que pagarán todos los argentinos por el despido en AYSA bajo la interventora del gobierno previo.
Bullrich denuncia la desigualdad brutal entre trabajadores formales, con sueldos promedio de 1.150.000 pesos, e informales que ganan la mitad, 540.000 pesos, y celebra que el gobierno frenara 166 bloqueos el año pasado permitiendo que los trabajadores entraran a las fábricas vía protocolo antibloqueos. Ataca la conflictividad permanente, los aprietes y la violencia sindical, abogando por reglas claras, previsibilidad y más inversión para crear empresas.
La ministra destaca el crecimiento del 4,5% este año, el primero en 15 años, contrastando con la media per cápita argentina de 15.000 dólares frente a los 30.000 de Neuquén gracias a su productividad petrolera. Critica los planes sociales como la peor precarización, con "gerentes de la pobreza" que esclavizaban a la gente sin jubilación ni derechos, y celebra que al liberarlos, las personas optaron por el trabajo digno.
Bullrich invoca la libertad de los trabajadores, rechaza la extorsión sindical y la casta dirigente, proponiendo convenios por provincia y productividad, citando al ex gobernador Gerardo Zamora. Afirma que los argentinos cambiaron, votaron contra la extorsión y que esta reforma democratiza el trabajo.
Tras su discurso, la presidenta del Senado anuncia la votación electrónica sobre las modificaciones de Diputados al proyecto de modernización laboral del Poder Ejecutivo, aclarando que votar afirmativa acepta cambios en el artículo 44, en un momento histórico.