Las Islas Canarias enfrentan escasez crónica de agua por cambio climático y sequías, usando galerías subterráneas en Tenerife con más de 1700 km excavados bajo el Teide para captar agua freática, y plantas desalinizadoras que abastecen hogares, turismo con 23 campos de golf y piscinas hoteleras, impulsado desde los años 60 por el boom turístico que recibe 17 millones de visitantes anuales.
La agricultura, como los cultivos de plátanos en Tenerife con 400.000 toneladas anuales para exportación, depende del agua desalinizada subsidiada, pero enfrenta costos altos por petróleo y competencia desleal de Sudamérica, mientras La Gomera usa recursos naturales y Lanzarote-Fuerteventura dependen al 100% de desalinización.
El proceso consume más del 10% de la electricidad del archipiélago, equivalente a un petrolero semanal y 2000 toneladas de CO2 diarios, con El Hierro intentando autosuficiencia vía Gorona del Viento (hidroeléctrica con aerogeneradores de 11,5 MW), pero solo cubre 40% y recurre a fósiles.
La salmuera hiperconcentrada vertida al mar amenaza ecosistemas marinos y reservas protegidas, como denuncia el pescador Wenceslao Olivero en Lanzarote, quien ve la nueva planta cerca de La Santa como "veneno puro para el mar".