En La Gomera, Juan Luis Mora gestiona un turismo sostenible para 20.000 habitantes, limitando consumo a 80-100 litros por día por persona. Usan embalses ancestrales para lluvias invernales y adaptan cultivos a la escasez, regando solo cada dos semanas con el silbo gomero para avisar.
Agricultores como Iraúl Sayugo usan mantillo y semillas resistentes a la sequía, rechazando desalinizadoras grandes para agricultura y priorizando garantías para turismo con plantas pequeñas de 1.000-3.000 m³/día.
Luisa Vera en la Universidad de La Laguna recicla aguas residuales con bioreactores de membrana en Tenerife desde 2018, produciendo agua con nutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio) más barata que la desalinizada, reduciendo su uso en cultivos exigentes como plátanos y minimizando impacto ambiental.
Expertos advierten que la desalinización no es mágica y urge cambiar la visión del agua ante el cambio climático, combinando innovación con sostenibilidad para no fingir recursos ilimitados.